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¿Por qué competir?

Muchas personas tienen la idea de que la competencia es sana. Que inculcar en nuestros niños un poco de competencia puede favorecerlos en su desarrollo. Yo diría que sólo hace falta motivación, apoyo y orientación.

 

Lamentablemente el concepto de competencia ha tomado un curso poco favorable para el desarrollo de los niños, ya que lejos de ser una motivación, se ha convertido en un deseo casí inconsciente de ser mejor que el otro a toda costa.

 

Muchas veces los niños pierden la perspectiva de lo que es importante. Por ejemplo, competir en un torneo de fútbol o de baile siempre será una experiencia positiva en la que los concursantes darán lo mejor de sí mismos para alcanzar la meta. El problema es que la meta no siempre es ganar, no es aplastar al oponenete. Ganar significará aprender de la experiencia y obtener el mejor resultado. Los participantes deberán aprender a ganar con humiladad y a perder con orgullo. Todos ganan y así la competencia cobra un sentido.

 

Por otra parte, padres de familia y maestros cometemos el error de competir con otros padres o maestros ya que queremos que nuestros niños sean los mejores y que tengan avances con mayor rapidez  que los otros. Esto provoca una presión que se convierte en una constante a través de la cual los niños crecen, se desarrollan y aprenden que lo bueno es ser mejor que el otro. La perspectiva adecuada es no perder de vista que cada niñ@ tiene un proceso diferente y que sus avances son siempre los adecuados para su edad, desarrollo y personalidad propia. No hay un niñ@ mejor que otro.

 

Pensemos en lo anterior antes de comparar a los niñ@s o ponerles ejemplos de los logros de otros niñ@s para motivarlos. Evitemos que se conviertan en adultos que sólo se califican en referencia lo que hacen los otros.

 

Cada ser humano es valioso y las experiencias son únicas y siempre positivas, todo es cuestión del ojo con que se mire.

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