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El Tigre del Medallón de Oro

Creado por Andrea Plancarte Maldonado

 

Por fin había dejado de nevar en la Ciudad de Cristal. Esta ciudad, ubicada en el país de Cretonia, tenía edificios únicamente hechos de cristales o de vidrios de colores. La gente, entusiasmada al ver que el sol se asomaba entre las nubes, decidió salir, ya que la nieve lo había impedido durante los cuatro días anteriores. Algunos iban al cine, otros aprovechaban para hacer los quehaceres fuera de casa, y algunos niños iban al parque. Krista y Sofía eran dos de esas niñas, listas para jugar.

 

“Date prisa Sofía” dijo Krista. “Ya voy” le contestó Sofía. Ambas se pusieron sus gorros, bufandas y chamarras –porque aún hacía frío afuera y la nieve no se había derretido completamente- y salieron. Jugaban a la pelota cuando Krista vio algo que se asomaba entre la nieve, algo dorado, que brillaba. “¡Sofía, ven a ver, encontré algo!”, gritó Krista. Sofía fue y lo desenterró. Ambas quedaron sorprendidas al ver que era un medallón de oro, con una imagen de un tigre grabado. El medallón estaba frío, así que Sofía lo frotó en sus manos y al hacerlo, el tigre grabado en él salió y les dijo con una voz grave: “Hola, yo soy un tigre protector de la fuente de cristal” “Hola”, lo saludaron las niñas.” “¿De dónde saliste?” le preguntaron. “Hay más medallones con tigres como yo, todos provenimos de un mismo lugar: la fuente de cristal. Al terminar cada nevada, nos dispersamos por toda la ciudad para concederle un deseo a quien encuentre alguno” El tigre continuó: “Ustedes dos son muy afortunadas, porque pueden llevarme de regreso a la fuente y ahí se les concederá un deseo a cada una” “¿Qué tenemos que hacer para llegar ahí?”, preguntó Krista, ya que le gustaba la idea. “Solo súbanse a mi lomo”, dijo el tigre “y yo las llevaré”. Las niñas aceptaron sorprendidas y rápidamente subieron al tigre, quien pronto, comenzó a correr. Iban tan rápido que las demás personas a su alrededor no lo notaron…

 

Cuando llegaron el tigre las bajó y les dijo: “Me convertiré en un medallón de nuevo, ya que para pedir su deseo, deben arrojarlo al agua de la fuente mientras piensan lo que quieren con los ojos cerrados” “Está bien, hasta pronto” dijo Sofía, “Adiós”, dijo Krista “Fue un gusto conocerlas” dijo el tigre. Después, se inclinó y rugió. Al hacerlo, se convirtió en un medallón de oro otra vez.

 

Las niñas pensaron su deseo cada una y al mismo tiempo, arrojaron el medallón a la fuente como les dijo el tigre. Al momento de abrir los ojos, se encontraban otra vez en su casa, pues las niñas habían deseado volver a casa y ser amigas del tigre, quien para su sorpresa, llegaba y tocaba la puerta de la casa de las niñas, después de cada nevada.

Fin.

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