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El genio del árbol

Creado por Valeria Trevilla Morales

Corría el año de 2017 cuando una noche, en lo más profundo de un sueño, una pequeña niña avanzaba en lo negro del bosque abriéndose paso como podía; detrás de ella, no muy lejos, una jauría de lobos que no eran más que sus propios miedos, la perseguía. Desesperada llegó bajo el amparo de un fuerte árbol y no sabiendo qué hacer, con una piedra grabó en su  corteza, la palabra … ¡AYUDA! .

Al momento, apareció un Genio vestido con ropas muy brillantes y le dijo con voz serena: “He venido a ayudarte, pídeme tres deseos y te serán concedidos … ¿Cuál es el primero?”.

- La niña respondió: “Salud, para mí y mi familia”.

El Genio asintió con la cabeza, “¿Qué es lo segundo que deseas?”, preguntó.

- “Que no existan diferencias”, dijo la niña totalmente convencida.

El Genio hizo un gesto de asombro y exclamó: “¡Explícate!”.

-“Quiero que todos seamos iguales y que nada nos haga sentir jamás diferente a nadie, ni el color de la piel, ni la religión, ni las discapacidades … ¡Nada!”.

El Genio, levantó los hombro y volvió a decir que sí con la cabeza.

Para ese entonces, el miedo a los lobos había desaparecido ya totalmente y en el sueño de la bella niña, la oscuridad se había transformado en un hermoso resplandor.

El Genio volvió a hablar y dijo: “Aún te queda un deseo, ¿Qué es lo tercero que vas a pedirme?”, estando seguro que ésto sería riqueza o belleza eterna.

-“Quiero ser feliz con lo que tengo”, dijo la niña sin pensarlo.

El Genio preguntó insistentemente, “¿Acaso no quieres la riqueza que te puedo dar o ser la más bella por siempre y jamás?”.

-“¡No!”, contestó la niña…”Si me das riqueza, mi felicidad sería sólo temporal, por más que me dieras, siempre me sería insuficiente y querría cada vez más, así es la naturaleza humana y el concepto de belleza es muy subjetivo, lo que es bello para mí puede no serlo para alguien más. En cambio, yo quiero ser feliz con lo que tengo, valorarlo y aprender a vivir así cada día de mi vida”.

El Genio resignado volvió a aceptar la tercera petición y desapareció mientras le hacía adiós con la mano. La niña se despedía de él sonriendo tranquila y plácidamente, hasta que una voz la despertó diciendo….

….“¡Valeria, ya es hora de levantarse!”

FIN

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